.

Qué dulce la espera de mi piel, el temblor blanco de mis glúteos, la humedad roja e íntima acurrucada entre cuatro piernas, qué dulce… cuando me miras, el corazón manchado de carboncillo, y todo lo por vivir mirándonos…
.
This entry was posted
on Jueves, Abril 23rd, 2009 at 19:33 and is filed under General.
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed.
You can leave a response, or trackback from your own site.