Sotto voce
.
“Acaríciame”.
Y en mi oído resbala
un vendaval tibio,
una tempestad inocua
con suaves modales.
“Acaríciame”.
Coges mi mano y la llevas,
cartógrafo del viento,
como un cicerone en lo oscuro
por las rutas de tu piel
mostrándome el dulce arte
de violar fronteras.
“Acaríciame”.
Y soy en tu cuerpo verdugo
y hada, diosa en un bosque
perdido en el azul,
herido de sombra y musgo,
de poros y uñas.
“Acaríciame”,
me susurras.
A veces,
sólo a veces,
la felicidad camina
apoyada en diez letras.
.
