¿Qué quiere una mujer?
“He aquí la gran incógnita que no he podido resolver, a pesar de mis treinta años de investigación sobre el alma femenina: ¿Qué es lo que quiere la mujer?” Sigmund Freud.
.
… Y es que las mujeres somos seres extraños, cíclicos, lunares y malhumorados. El cerebro femenino es un altercado de minucias en revoltijo. Nos perdemos en los detalles. Somos refunfuñonas, somos susceptibles, somos quisquillosas, somos, en una palabra, estúpidas. Llenamos horas enteritas con todas las dudas que pueda traernos el viento de un traspiés: “¿Este tío me quiere o sólo necesita un agujero para el desagüe?” Se nos tropiezan unos con otros todos los silencios. Nos traiciona esa vocecilla agónica que habita en las lágrimas. Ese “te quiero” no pronunciado se nos pega como una calcomanía al fondo de la olla exprés mientras tratamos de recordar aquella receta de lentejas sin lentejas. Dejamos que el sentimiento, y no sólo los sentidos, tome posesión de esa víscera roja y pulsátil que nos alimenta el aliento y las arterias. Esperamos –ilusas- alguna respuesta siempre a lo que se dio con ternura. Encajamos mal el vacío de los gestos y la bolsa hueca donde nunca respiran las caricias…Somos seres extraños, cíclicos, lunares, malhumorados….
Son tantos los ladrillos necesarios para construirnos un minuto de felicidad cotidiana que siempre acabamos por contentarnos con los cimientos. Es normal, para ser dichosas necesitamos: el sol-en la piel y en la ropa tendida-, la sonrisa de la madre, el apoyo de la hermana, la musa susurrante sentada en la oreja, el email de la amiga, el “te quiero” a su hora, la ropa planchada, el hijo feliz, el geranio en el alféizar, los ovarios silenciosos, el rimel a mano, la libertad abierta, los muslos preparados (por si, por si…), el lavaplatos a punto –y el coche-, el beso dispuesto, la agenda controlada, el amor demostrado, la estrella , la sábana, el sueño dual, la caricia….. Tantas, tantas cosas… Pareciera que Dios nos creó mientras miraba una telenovela indigesta.
En cambio los hombres son afortunados. Ellos son simples. Nobles, sinceros, leales, directos, siempre van al grano, valientes, gallardos, generosos, corteses, atentos, considerados, cariñosos en el don y en la palabra. Lo tienen todo.
Y, para colmo, no necesitan tantos requisitos para amasar su gozo. No son complicados. Su capacidad para ser felices es infinitamente mayor que la nuestra:
He follado = estoy contento
No he follado = no estoy contento.
¡Qué suerte tienen!
Yo quiero ser hombre. Yo quiero ser simple y elemental como ellos. Yo no quiero ser ya una mujer arpía, insegura, menstrual y llorona. Un ser extraño, cíclico, lunar y siempre malhumorado.
Imagen tomada de http://2.bp.blogspot.com
.
