Nunca comencéis un blog cuando tengáis un mal día
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¿Por qué? Pues entre otros motivos igual de importantes, porque si empezáis a escribir un blog un día de esos de perros que tanto abundan ocurrirá que:
1. Le pondréis un título espantoso como el que yo he puesto al mío (mírese más arriba para comprobación del título espantoso).
2. Una vez inventado el título espantoso estaréis obligados a escribir textos espantosos y de mala baba, acordes a ese título espantoso durante toda la vida del blog, y eso, cuando no tenemos un día de perros, es complicado.
3. Como no todos los días son de perro, el día que no es de perros y hay que escribir en el blog con título espantoso un post espantoso, acudimos al socorrido recurso de tratar de recordar algo que nos ponga muy tristes o muy cabreados como el día que se nos ocurrió crear el blog, para no desentonar con el resto de lo escrito, y al recordar ese “algo” que necesitáis recordar para entristeceros y cabrearos, inmediatamente os ponéis tristes y cabreados, echando a perder un bonito día “no de perros”.
En conclusión: inaugurar un blog cuando tienes un mal día es una gilipollez de primer orden. Algo que sólo se me podía ocurrir a mí.
Aquí estoy. Soy reina de Gloma, y me encanta García Márquez, aunque una cosa no tenga nada que ver con la otra.
