
.
-Te amo, cariño.
-Yo también te amo, nena. (Manos de los dos entrelazadas).
-¿Pensaste en mí hoy?
-Sí. Tanto pensé en ti, hasta tal punto te sentí cerca, que parecías formar parte de la piel de mis manos.
-Yo también pensé en ti, mucho.
-Eso me encanta.
-Lo sé. Es doloroso echarte de menos, pero es un dolor dulce, que me gusta acariciar.
-¿Qué haremos en San Valentín?
-Lo que tú quieras, ¿qué quieres hacer?
-No sé, pensé en algo íntimo…
-¿Hacer el amor?
-Claro, pero eso ya lo hacemos cuando no hay una ocasión especial, ¿no? (caricia en la mejilla). Debemos hacer algo que no hagamos todos los días, la ocasión lo requiere.
-Sí, (sonrisa sonrojada).
-¿Qué tal cena romántica en el Gaby’s y después copa en el Hipanova? Más tarde, sentados en la noche, intercambiamos regalos y nos perderemos el uno en el otro con un coro de velas y música de Baute de fondo (ojos brillantes). Me gustan sus canciones porque te materializan cuando no estás, me ayudan a recordarte. ¿Te gusta mi plan, cielo?
-Perfecto.
-Tú eres perfecta.
-Y tú eres toda mi vida.
-Dímelo de nuevo…
-Tú eres toda mi vida (ojos soñadores).
-Adoro que me digas eso, aunque me parezca exagerado (caricia a ella, en el pelo).
-No es exagerado, es justo lo que pienso. (Mirada intensa a los ojos, caricia a él en los labios). Me haces tan feliz… Tu sonrisa es una luz cercana, una razón más para reír y llorar, para despertar y vivir a pesar de tantos sinsabores. En tu voz me acurruco como en un nido cuando me llamas. Es tan agradable oírte y sentirse arropada y protegida por tu fuerza y tus palabras…
-Hablando de llorar, me estás emocionando…(ojos húmedos).
-A mí también me emociona poder hablarte de este modo, sin trabas ni cortapisas. Vaciarme por dentro para ti sin recelos. Decirte lo que necesito decirte cuando necesito decírtelo. No sabes cuánto significa para mí poder hablarte así, en esta libertad de ser yo para los dos.
-Hazlo siempre, por favor. No soportaría desconfianzas por tu parte.
-Ni yo por la tuya. (Abrazo intenso).
-Por mi parte lo tienes todo, amor mío, dime qué necesitas de mí y lo tendrás.
-Me bastan tu amor y cercanía.
-Me lo pones fácil. Son tuyos. Te amo, nena.
-Y yo a ti.
-Te amo…
-Y yo a ti
-Te amo…
-Y yo a ti…
-Te amo…
-Y yo a ti
-Te amo…
-Te amo…
-Y yo a ti
-Y yo a ti
-¡Eh!, un momento… ¿Por qué lo estamos repitiendo tanto?
-Es que he perdido el hilo. Me he metido en un bucle argumental.
-¿El hilo de qué?
-El hilo del diálogo: ya no sé si el/la que está hablando eres tú o soy yo… Debí diferenciar de algún modo el turno de los personajes, con asteriscos, quizás. Es un poco lío para una autora de escasos recursos, acostumbrada como yo a escribir versos pero no diálogos. Tendré que empezar de nuevo. Es un fastidio.
-No entiendo nada. ¿Qué significa todo eso?
-Eso significa que este diálogo no lo es. Que tú sólo eres un amor increado, real sólo de mi frente hacia dentro. Que esto es una esperanza derruida, algo esperado que nunca ha ocurrido, un monólogo con guiones. Que “esto” soy yo misma, conmigo y mis deseos, sin ti y sin nadie. Y nada más… ¿Lo entiendes ahora?
-Sí. Lo siento. (Mirada triste).
-No importa. (Mirada triste). Vuelve ahora a tu nada, tengo trabajo.
-De acuerdo, hasta la próxima. (Desaparece).
-Adiós.